Para ser un buen escritor se debe ser un buen lector. Puede ocurrir que un escritor quiera componer un texto a partir de otro por lo que un lector eficiente debe repasar, parafrasear o interpretar los elementos de un texto para comprender la estructura del mismo.
Un lector eficiente recurre a la realización de esquemas. Según estudios realizados sobre la enseñanza de hacer esquemas para la comprensión lectora, los buenos lectores son:
- Más selectivos a la hora de elegir las frases más importantes del texto.
- Marcan relaciones de causalidad entre los distintos elementos que aparecen en el texto.
- Tienen más facilidad para comprender las relaciones causales entre los elementos.
Un lector eficiente es capaz de hacer resúmenes, discriminando la información relevante del texto de la irrelevante. Un buen lector consigue otorgar la importancia requerida a cada frase del texto, como lo hubiera hecho el escritor del mismo texto.
Por otro lado, comparando las características de los escritores adultos con escritores más jovenes a la hora de resumir textos, los escritores adultos tienen más capacidad de abstracción y síntesis y son más capaces de crear frases nuevas para resumir textos que trasmiten información muy general (Winograd 1984).

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